La compositora peruana Fe Baca presenta su segundo disco de larga duración bajo el título de Gestos Remotos. Esta obra aparece tras su debut del año anterior, rescatando una idea que habitaba en sus letras previas para convertirla en el eje de una búsqueda estética profunda. Su trabajo actual se posiciona en el cruce de la canción alternativa y el pop experimental, donde la construcción de climas íntimos y el cuidado por el lenguaje ocupan un lugar central. El desarrollo de estas piezas refleja años de instrucción vocal y una escucha atenta de diversos lenguajes musicales que ahora convergen en un estilo propio y definido.
El proceso de creación involucró una colaboración estrecha con Efrén Castillo en el estudio Subtrama. Ambos trabajaron en la arquitectura de las canciones, compartiendo la responsabilidad de los arreglos y la dirección de las texturas. Las piezas que integran el álbum proponen un diálogo entre diferentes momentos temporales de la artista, uniendo composiciones recientes con temas guardados hace años que encontraron su lugar en este tejido emocional. La única pieza que contó con una producción externa fue Tabú, realizada por Alonso Bentín, aunque mantuvo la integración rítmica del resto del material mediante las cuerdas grabadas por Castillo.
La lírica de este conjunto de canciones explora el vínculo entre la corporalidad y el entorno natural. Fe Baca utiliza la palabra para describir experiencias ligadas a territorios específicos, desde la Amazonía hasta memorias urbanas en ciudades europeas. Composiciones como Serpiente o Círculo se nutren de vivencias en la selva, mientras que temas como Antídoto proponen una reflexión sobre el trato que los seres humanos otorgan a la tierra. El álbum funciona como un registro de afectos y memorias que permanecen grabadas en la piel, utilizando la voz como el instrumento principal para conducir al oyente por estos escenarios.
La identidad visual del disco refuerza esta conexión con la materia y el arte. La portada, registrada por Sandra Pereda, tuvo lugar en el taller de la escultora Silvia Westphalen, sumando una dimensión plástica a la propuesta. El diseño de Héctor Delgado y el maquillaje de Charo de las Casas completan una imagen que huye de lo convencional para centrarse en la sobriedad y la profundidad. Este cuidado en los aspectos externos garantiza que el concepto de la obra se perciba de forma integral, permitiendo que la música y la estética caminen en una misma dirección de coherencia y exploración constante.
Este lanzamiento cuenta con el respaldo de A Tutiplén Records, sello que ha acompañado a la artista desde sus inicios en la escena independiente. La alianza entre la cantautora y la discográfica fortalece un circuito de trabajo basado en el apoyo mutuo y la organización colectiva. Actualmente, los esfuerzos se concentran en el diseño de las presentaciones en vivo que llevarán estas canciones a diferentes escenarios durante los meses siguientes. El camino recorrido desde las grabaciones caseras hasta este segundo álbum muestra a una artista que valora los procesos lentos y la construcción de una comunidad de oyentes interesada en la sensibilidad artística.
Dale play:
