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Un pop de raíz flamenca que adelanta su segundo disco.
Milo Jofré es un joven músico chileno, entrega una canción atravesada por pulsos flamencos, sintetizadores envolventes y una sensibilidad pop que transforma la vulnerabilidad en movimiento. Con apenas un par de lanzamientos, Jofré ya empieza a perfilar una identidad artística singular dentro de la nueva canción latinoamericana. Su música habita un territorio donde conviven la nostalgia ibérica, la estética contemporánea y una emocionalidad sin maquillaje. “Cantimplora” confirma que su próximo álbum no será un simple ejercicio de estilo, sino una exploración íntima sobre la fragilidad, la fiesta y las pequeñas derrotas cotidianas. La imagen que sostiene el sencillo es poderosa: un océano de tristeza contenido dentro de una cantimplora. Desde ahí nace el universo emocional de una pieza que parece escrita para esas noches donde la euforia y el vacío conviven bajo las mismas luces. “Cantimplora” habla del agotamiento emocional, del abandono personal y de esos periodos donde uno deja de reconocerse. Sin embargo, lejos de hundirse en el dramatismo, Milo Jofré encuentra en el ritmo una vía de escape. El tema avanza con un pulso atresillado heredero del folclore español, mientras capas de sintetizadores y melodías ambiguas construyen una atmósfera nocturna y cinematográfica.
“La canción habla de esos momentos en los que uno se pierde de sí mismo”,
explica Milo Jofré sobre un sencillo que transforma la pena en movimiento.
Nacido en Barcelona y criado en Chile, Milo Jofré toma elementos de ambas geografías emocionales. En “Cantimplora” se perciben ecos de la tradición callejera española, pero filtrados a través de un lenguaje pop contemporáneo que dialoga con referencias como El Mal Querer de Rosalía o El Madrileño de C. Tangana. No se trata de una apropiación estética superficial, sino de una traducción emocional. El artista utiliza los códigos del flamenco y la música ibérica para construir relatos profundamente personales, donde la pista de baile funciona casi como un espacio de supervivencia emocional. Ese equilibrio entre intimidad y accesibilidad parece ser la clave del próximo álbum, sucesor de Sinónimos (2023), un debut que ya insinuaba su interés por las narrativas sensibles y los paisajes sonoros híbridos.
El sencillo fue producido junto a Camilo Artigas y masterizado por Francisco Holzmann, dupla que ya había trabajado con Jofré en “Óxido”, el primer adelanto del nuevo disco. El resultado es una producción precisa y elegante, donde cada elemento parece diseñado para sostener la tensión entre lo melancólico y lo bailable.
“Cantimplora” permaneció guardada por casi dos años antes de encontrar su forma definitiva. Ese tiempo de maduración se percibe en una canción que suena cuidadosamente contenida, como si cada silencio y cada golpe rítmico hubieran sido calibrados para potenciar el relato emocional. Más que una canción triste, “Cantimplora” funciona como una invitación a atravesar la oscuridad desde el cuerpo. Hay algo profundamente liberador en su manera de convertir el agobio en danza, como si el movimiento fuera la única forma posible de sostener ciertas emociones.
El próximo 20 de mayo a las 20:00 horas, Milo Jofré estrenará el videoclip oficial a través de YouTube. La pieza audiovisual explorará la espontaneidad del baile mediante siluetas, luces y sombras, reforzando esa tensión constante entre vulnerabilidad y catarsis que atraviesa toda su propuesta artística.
Con “Cantimplora”, Milo Jofré demuestra que el pop latinoamericano todavía puede encontrar nuevas formas de hablar sobre la tristeza. Y quizás ahí esté su mayor acierto, en entender que algunas heridas no se curan en silencio, sino bailando.
