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Carlos Compson estrena ‘Levita Mortis’: morir, transformarse y continuar existiendo

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Para comprender a Carlos Compson primero hay que separarlo de Carlos Fernández. Fernández es el músico con más de tres décadas de recorrido, formado en la escena peruana desde los años ochenta; Compson aparece mucho después, a mediados de los primeros dos mil, como su proyecto en solitario y, progresivamente, como algo más complejo: un álter ego. Bajo ese nombre encontró un espacio donde desprenderse de otras dinámicas musicales y trabajar con absoluta libertad sobre su propia sensibilidad. Compson es su lado más oscuro, introspectivo y personal, una identidad artística desde la cual el post-punk, el dark wave, el rock alternativo y otras ramificaciones de la música oscura dejaron de ser únicamente coordenadas sonoras para convertirse en herramientas de expresión. Levita Mortis, su quinto álbum, lleva esa construcción a uno de sus puntos más definidos.

El disco tiene una cualidad inmediata que podría resultar engañosa. Su sonido es guitarrero, directo y contundente; los bajos aportan gravedad, mientras teclados, programaciones y capas ambientales ensanchan las canciones sin quitarles fuerza. Fernández controla prácticamente todos los elementos detrás de Compson: compone, interpreta, programa, graba, mezcla y masteriza su propia música. Esa autonomía explica parte de la personalidad del proyecto y también su aporte al sonido oscuro del rock peruano. Compson pertenece a una genealogía local que lleva décadas dialogando con el post-punk y las distintas expresiones del dark, pero ha conseguido construir un espacio reconocible dentro de ella. Su oscuridad no depende únicamente de una estética ni de determinados códigos musicales: nace de una forma particular de mirar hacia dentro.

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Es precisamente allí donde Levita Mortis comienza a revelar su verdadera dimensión. Detrás de la contundencia instrumental aparece un disco obsesionado con la transformación y con una pregunta antigua: ¿qué permanece de una existencia cuando desaparecen las formas que utilizamos para definirla? Cuerpo, identidad, materia y realidad dejan de ser estructuras permanentes para convertirse en estados transitorios. La muerte ocupa un lugar central, aunque Compson la contempla menos como interrupción que como cambio de condición. El propio título contiene esa paradoja: “Levita” sugiere elevación, suspensión y desprendimiento; “Mortis” introduce la muerte dentro de ese movimiento. Morir y elevarse terminan perteneciendo a una misma idea: abandonar una forma sin que necesariamente desaparezca aquello que la habitaba.

Por eso las grietas, los fragmentos, el humo, el polvo y la reconstrucción que aparecen alrededor de Levita Mortis resultan tan importantes como extensión conceptual del álbum. Todo puede romperse, dispersarse y adoptar una configuración distinta. Las letras trasladan esa lógica hacia un lenguaje poético y metafórico que evita explicar demasiado. Compson deja símbolos y asociaciones para que sea el oyente quien establezca las conexiones entre conciencia, pérdida, transformación y permanencia. Una misma canción puede admitir una lectura física, emocional o espiritual. Esa profundidad convive deliberadamente con un lenguaje musical mucho más directo: las guitarras pueden atrapar primero, pero detrás de ellas existe otra capa que exige atención. Levita Mortis recompensa precisamente a quien decide permanecer dentro del disco y escucharlo más de una vez.

En ese sentido, el quinto álbum ayuda también a comprender por qué Carlos Compson necesitaba existir separado de Carlos Fernández. Después de más de treinta años haciendo música, Fernández encuentra en su álter ego un territorio donde todavía puede desplazarse sin demasiadas restricciones y convertir preguntas personales en canciones, imágenes y conceptos. Levita Mortis parece llevar esa libertad hasta una consecuencia natural: un disco sobre abandonar formas creado desde una identidad artística que nació, precisamente, para permitirle adoptar otras. Su oscuridad sirve para hablar de conciencia; la muerte, para interrogar la continuidad; la fragmentación, para imaginar nuevas maneras de existir. Las guitarras proporcionan el impacto inmediato, pero el corazón del álbum está bastante más adentro. Para encontrarlo hay que hacer aquello que la obra de Compson viene reclamando desde hace años: escuchar con atención.

El disco entero en Spotify:

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