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Tunacola presenta “La Borrachera Dulce”, un disco experimental creado a partir de un juego musical ideado por Richi Tunacola.
¿Qué pasa cuando un músico decide entregar el control creativo a un tablero, unos dados y una serie de cartas? La respuesta de Tunacola llega bajo el nombre de La Borrachera Dulce, un álbum que transforma el azar en método y las restricciones en combustible artístico. El nuevo trabajo de Richi Tunacola no solo amplía el universo sonoro del proyecto chileno: también propone una forma distinta de entender la creación musical. Con once canciones moldeadas por instrucciones impredecibles, el disco se mueve entre el pop, el rock, el hip hop, la bossa nova y la experimentación instrumental, pero sin sentirse fragmentado. Más que un collage de estilos, La Borrachera Dulce funciona como el registro emocional de un proceso creativo radicalmente libre dentro de sus propias limitaciones.El corazón conceptual del álbum es La Casa Iluminada, un tablero diseñado por el propio Ricardo Luna que funciona como una máquina de decisiones musicales. Dados, cartas e instrucciones fueron determinando cómo debían componerse las canciones, empujando al artista fuera de sus automatismos y zonas de confort. Cada isla dentro del juego condiciona estados emocionales y direcciones sonoras específicas. Así, el disco avanza como una travesía anímica: comienza luminoso y expansivo, atraviesa episodios de euforia, melancolía y fragilidad, y termina abrazando una celebración casi existencial.
“No es un disco de un género, es un disco de un método”.
Explica Richi Tunacola sobre un trabajo donde el proceso se convierte en protagonista.
La gran paradoja de La Borrachera Dulce es que mientras más limitado parecía el camino compositivo, más abierto terminó siendo el resultado. El tablero obliga a tomar decisiones inesperadas: samplear radios, cambiar instrumentos, alterar dinámicas o explorar estructuras ajenas a la lógica tradicional de composición. Lejos de sonar arbitrario, el disco encuentra cohesión precisamente en esa entrega al método. Hay algo profundamente humano en escuchar a un artista reaccionando en tiempo real a las condiciones que él mismo diseñó para perder el control. Aunque el disco suena contemporáneo y visceral, sus raíces conceptuales dialogan con tradiciones experimentales históricas. Richi Tunacola reconoce influencias directas de las Oblique Strategies de Brian Eno, el uso del I-Ching en las composiciones de John Cage y los sistemas creativos impulsados por el colectivo Fluxus. Sin embargo, La Borrachera Dulce nunca cae en la intelectualización excesiva. El álbum mantiene un pulso emocional y físico constante. Hay guitarras filosas, paisajes electrónicos, pianos melancólicos y hooks pop diseñados para perderse bailando. Más allá de la experimentación formal, el disco parece responder a una necesidad más íntima: volver a enamorarse del proceso creativo. Después de cuatro larga duración, Richi Tunacola encontró en el juego una forma de escapar de la repetición y recuperar el asombro. Ese espíritu atraviesa todo el álbum. La Borrachera Dulce no intenta demostrar virtuosismo técnico ni construir un manifiesto teórico. Lo que propone es algo más simple y complejo a la vez: disfrutar el acto de hacer música.
“Enamorarse del proceso es esencial”
Reflexiona Richi sobre una carrera artística marcada por la búsqueda constante.
El lanzamiento del álbum llega acompañado de una gira que trasladará el universo de La Casa Iluminada fuera del estudio. Durante mayo y junio, Tunacola recorrerá ciudades chilenas como Valparaíso, Concepción, Chillán, Pichilemu y Matanzas, culminando el 19 de junio con un concierto en Club Subterráneo de Santiago. Más que simples presentaciones, los shows prometen expandir el carácter impredecible y festivo del disco: música para bailar, perderse y dejar que el azar vuelva a tomar el control.
